A Coruña, 12/12/05 La hora del civismoEl área metropolitana también se suma: el alcalde de Oleiros alentó este verano a los vecinos del municipio a ejercer de pseudopolicías y denunciar actos vandálicosPilar GómezEl Ayuntamiento coruñés ha sacado el hacha de guerra contra quienes ensucien la calle, tengan comportamientos incívicos o no sigan las normativas municipales. El Gobierno local ha aumentado las multas e incluso ha creado nuevas sanciones por algunos comportamientos en los últimos años. Acciones como escupir en la vía pública, o tirar una colilla fuera de una papelera, serán sancionadas. En ayuntamientos del área metropolitana han ido más lejos. Este pasado verano, el alcalde de Oleiros animaba a los vecinos a denunciar a quienes cometiesen actos vandálicos, como pintar graffiti. Ramón Rodríguez Ares, de Sada, fue pionero en la prohibición del botellón. La nueva ordenanza de limpieza es un claro ejemplo. Tirar un desperdicio fuera de una papelera -si era descubierto- le costaba al infractor hace un año entre 30 y 90 euros. Ahora la gracia le puede salir por 750 euros. La misma cantidad que pagará alguien que no se aguante y orine en la calle. Quienes realizan actos vandálicos como destrozar mobiliario urbano o pintar graffiti, seguro que a partir de ahora se lo piensan dos veces. Lo máximo que tenían que pagar antes no alcanza la cifra mínima de la sanción actual. El Concello establecía multas de entre 90 y 601 euros que ahora van desde los 750 hasta los 1.500 euros. Una cifra similar tendrá que pagar de su bolsillo a quien se le ocurra deshacerse de su mascota muerta de otra forma que no sea la incineración. El Ayuntamiento también ha endurecido los castigos en este apartado. También para los propietarios de animales (perros básicamente) va dirigida otra sanción: entre 750 y 1.500 euros para quienes no recojan los excrementos de los animales. Con la nueva normativa de limpieza también se persiguen pequeñas infracciones que pueden provocar un desequilibrio en el presupuesto mensual de quien la haya cometido. Escupir en la calle o tirar una colilla en la vía pública sale muy caro. Igual que tirar la basura a deshora, fuera del contenedor correspondiente o sin una bolsa adecuada. La multa subirá hasta 750 euros. Los niños aficionados a utilizar los contenedores como palos de una portería de fútbol también deberán tener cuidado con lo que hacen. Moverlos es motivo de sanción. Pero las cuestiones de limpieza no son las únicas actitudes que promueve el Ayuntamiento. Los peatones desarrollaron hace unos meses un sexto sentido para localizar a policías municipales que pudiesen descubrirles cuando cruzasen la calle por lugares inadecuados, con el semáforo en rojo... Hacerlo y ser pillado supondría una multa de 60 euros, que no pagó demasiada gente. Últimamente no parece que los guardias estén tan pendientes de esta infracción. Ni pañuelos ni caramelos La venta ambulante tampoco está bien vista ni permitida. A pesar de que cualquiera sabe en qué semáforos de la ciudad puede comprar el periódico o caramelos o pañuelos de papel, esta actividad está prohibida por la legislación municipal. Como el top manta, tanto los que estén instalados en la calle como los que van con la mercancía por los locales hosteleros, sucede lo mismo. Tampoco les va a quedar mucho margen de acción a los gorrillas que guían a los conductores por aparcamientos como el de la Torre de Hércules, el de A Maestranza o el de Nuevos Ministerios. A quien sea descubierto ejerciendo esta actividad ilegal le caerá una multa de entre 92 y 301 euros. En el área metropolitana coruñesa, la cosa está parecida. El alcalde de Alternativa dos Veciños de Oleiros, Ángel García Seoane, apeló al policía que pudiese llevar dentro cada vecino del municipio para que denunciasen hechos incívicos o vandálicos. La batalla contra el alcohol en la calle también se da en la comarca. Sada fue uno de los primeros ayuntamientos españoles en prohibir el consumo de bebidas alcohólicas en la calle. En Oleiros también se ha prohibido beber en la calle, salvo en terrazas y actos permitidos por el Concello. La suciedad que puedan provocar los animales también les preocupan. Así, Ramón Rodríguez Ares advirtió hace unos meses a una vecina de Sada que daba de comer a gatos callejeros. El regidor le apercibió de que dejar comida y desperdicios en la calle está castigado con una multa.
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