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Palma de Mallorca, 17/04/05

El 'botellón' sigue campando a sus anchas

Cort no es capaz de aplicar su normativa para evitar el consumo de alcohol en la calle y que la basura inunde el Marítimo tras las juergas
Lola Sampedro
Resiste. Por más que los adultos y las autoridades se empeñen en acabar con él, el botellón sobrevive estoico, anclado en el Paseo Marítimo de Palma. La noche de viernes es larga. La última empezó para muchos jóvenes cerca de las once, en el 24 horas más cercano. Sólo tres euros por persona y la velada se brinda barata.

Las botellas vacías, los vasos de plástico, la basura es el precio que el Paseo paga de más ya entrado el amanecer. Los cubos estratégicamente colocados estarán vacíos toda la madrugada. Un intento baldío, ignorado por los jóvenes del botellón. Y eso que son grandes. Los cubos, claro.

Justo al lado de uno de estos contendores sin continente, los miembros de un equipo de fútbol tienen montado su bar particular. Son del Génova y vienen todos los fines de semana. No perdonan ni uno. Pasada la media noche, tienen las pilas cargadas. «Nosotros somos civilizados, que conste. Antes de irnos, siempre recogemos nuestra basura. Pero la mayoría lo deja todo hecho un asco», cuenta Tolo. Qué casualidad.

Esta noche, el equipito de estos jóvenes futbolistas lo forman ocho chicos. Ninguno supera los 19 años y más de uno tiene cara de ser menor de edad. Pueden llegar a comprar hasta cuatro botellas y que «no quede ni gota». La juerga se la montan en la calle porque «los bares son carísimos y aquí con tres euros vas sobrao».

Vodka y ron
«Los viernes por la tarde entrenamos y, como el Aquarius ya no sirve, pillamos vodka y ron», cuenta Tolo, que no suelta el vaso que tiene entre las manos. Sus padres saben que hace botellón todos los fines de semana. «Mi padre es policía portuaria. ¿Ves aquella cámara? Ahora mismo me está viendo». Y acto seguido le llama por teléfono para dejar claro que no dice mentiras.

Al lado de Tolo, Iván cuenta alguna de las actividades favoritas del grupo. A parte del fútbol y del instituto, bautizan barcos. El portero se encarga de hacer los honores cada vez que les sobra una botella entera antes de irse a seguir la fiesta a la discoteca de enfrente. La patada por parte del jugador más capacitado del equipo hace que el barco más cercano sufra esta particular inaguración. Para ellos, «es divertido, ¿no?».

Veinte euros a la semana
A unos pasos de los futbolistas del Génova, Laura y sus amigas llenan sus copas. Todas con alcohol. A más de una ya se le traba la lengua y son la una de la madrugada. Las cuatro van a un colegio privado de Palma y reciben una paga de 20 euros a la semana. Tres de ellas no han cumplido los 18, pero tienen clara una cosa: «como hacemos botellón, la mayoría de gente piensa que somos unas chungas, pero no tiene nada que ver. Somos el futuro y estaremos en la universidad el día de mañana».

En la universidad están Lluc y Lorena, dos chicas guapas de 19 años que estudian Dirección Hotelera. Para ellas es muy simple, «el botellón, además de barato, es bueno para la vida social».

Las «relaciones extraescolares», como muchos le llaman, tiene hasta banda sonora. El Reguetón marca el ritmo desde un 4x4 forrado de botellas de alcohol. El coche es de Paco, un universitario que defiende a ultranza estas noches de fiesta en la vía publica. «En el bar de enfrente me cobran hasta seis euros por una copa y aquí me gasto tres. Tendría que ser rico para poder salir de marcha sólo en los locales», cuenta la criatura, que lleva puestos unos zapatos de más de 200 euros. «Fueron el regalo de Reyes», se excusa.

Después de la fiesta, la estampa del Paseo repleto de basura estremece hasta a los que la dejaron ahí, los mismos que volverán la semana que viene a divertirse.

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