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Sevilla, 17/10/04

Los vecinos se movilizan ante la pasividad municipal con la «botellona»

José Luis Losa

Los vecinos de la zona de la Plaza de Armas se concentraron el viernes por la noche para denunciar la pasividad municipal ante los efectos que producen los botellones. J. M. SERRANO
Antonio Fernández es un vecino del Arenal que hace unos años se hizo famoso por ganarle al Ayuntamiento un juicio tras haberle denunciado por la dejación de funciones ante el problema de la movida en esa zona. Fue un proceso largo que este ciudadano ganó cuando apenas hacía falta: la zona hacía ya un par de años que había dejado de estar de moda entre los jóvenes -que se concentraban en la calle Adriano hasta hacerla insoportable-. Sin embargo, el caso sirvió de piedra de toque de la Administración de Justicia a la Administración Local para advertirle que es la garante de que se cumpla su normativa municipal y que si no actúa ante la denuncia de los vecinos está cometiendo un delito.

El caso de Antonio Fernández no ha sido el único. Por el contrario, cada vez son más los colectivos que se ven obligados a acudir a los tribunales para defenderse de la actuación de los jóvenes con la permisividad municipal. El propio delegado de Gobernación tiene que declarar estos días en un juicio ante la denuncia de los vecinos de la zona del Prado de San Sebastián contra el Ayuntamiento por un caso similar. Los vecinos llevaban años advirtiendo que el Festival de las Naciones que se celebraba en el Prado de San Sebastián incumplía la normativa municipal en materia de ruidos. Ante la falta de respuesta municipal, pusieron varias denuncias ante la Policía Local, que tras medir los decibelios en la zona, corroboraron la veracidad de lo expuesto por los vecinos. Pues a pesar de ello, el Ayuntamiento no sólo no hacía nada sino que cada año volvía a conceder la licencia a los organizadores de este Festival para que lo celebraran en el mismo sitio. Ha tenido que ser este año, después de que los tribunales hayan llamado a declarar a los concejales, cuando sus señorías han visto las orejas al lobo y se han decidido a trasladar el Festival hasta el Palenque.

Algo parecido ha ocurrido con la movida veraniega. Los vecinos de la calle Torneo llevan años advirtiendo de que los chiringuitos que se instalan durante los meses de verano a la orilla del río no cumplen con la normativa municipal en materia de ruidos. El Ayuntamiento ha hecho durante varios años oídos sordos a estas quejas vecinales hasta que éstos han amenazado con denunciar a la Administración local por esa situación. Sólo entonces, la Delegación de Medio Ambiente, apremiada por las circunstancias, decidió a última hora, prácticamente a comienzos del verano, buscar un emplazamiento alternativo para las licencias que anualmente otorgaba a los propietarios de estas terrazas de Torneo, y que este año se unificaron en el antiguo apeadero del AVE en la Expo 92, situado en el extremo más separado de la ciudad de la isla de la Cartuja.

Sin embargo, los vecinos no siempre tienen la paciencia de esperar años en los tribunales para que les den la razón. Y antes de perder sus viviendas -en las que les es imposible descansar- deciden salir a la calle y, en ocasiones desesperadas, hasta tomarse la Justicia por su cuenta.

Algo parecido ocurrió hace un par de años en la zona de Viapol, donde la movida tomó la calle hasta hacerle la vida imposible a sus vecinos. Estos denunciaron la situación en el Ayuntamiento, que una vez más no tomó cartas en el asunto hasta que los propios residentes de la calle comenzaron a concentrase por las noches para echar a los jóvenes que hacían sus botellones impunemente en mitad de la calle cortando el paso a los coches.

Fue entonces cuando el Ayuntamiento puso los dispositivos adecuados para ir desplazando la movida desde las calles de Viapol hasta llevarla a la zona abierta situada delante del apeadero de San Bernardo, para desesperación de estos otros vecinos.

La impunidad con la que los jóvenes toman una calle como suya, la ponen «de moda» y la convierten en su parque temático particular de los fines de semana llegó a su punto álgido hace dos inviernos en la calle Padre Damián, en Los Remedios. Allí, y a pesar de las denuncias de los vecinos, el Ayuntamiento tampoco hizo nada hasta que la situación fue tan límite que los jóvenes se tomaban sus copas en el interior de los portales, en uno de los cuales llegaron a pintar graffitis.

Entonces, el Gobierno municipal se decidió a intervenir y demostró una vez más que cuando tiene voluntad política es capaz de actuar eficazmente contra la movida: un dispositivo de Policía Nacional y Local varios fines de semana consecutivo en esa calle permitió a los vecinos volver dormir.

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