Sevilla, 30/05/04 El problema de la movida nocivaLa 'botellona' cumple más de una décadaDesde los noventa, los residentes de Sevilla Este, Arenal, Plaza Blanco White, Prado, Torneo y Arjona y aledaños reclaman al Ayuntamiento que se tome en serio las soluciones si quiere evitar graves problemas de orden públicoAna S. AmeneiroEducar a los jóvenes, hacer cumplir las normas de limpieza y de ruidos y ofrecerles espacios alejados de viviendas, atractivos y preparados (con servicios de emergencias y seguridad) para divertirse. Son los tres ingredientes indispensables que deben acompañar a la botellona y a la movida, en opinión de los representantes vecinales de seis zonas de Sevilla afectadas por este fenémeno nocturno: Plaza Blanco White (Nervión), Arjona y aledaños, Torneo, Arenal, Sevilla Este y Prado. Faltan los vecinos de la Alameda, que declinaron asistir a la cita organizada por este periódico para analizar el problema y buscar salidas por considerar que el gobierno local ha prometido solucionarlo.La reciente apuesta del Ayuntamiento por la isla de la Cartuja convence a los seis líderes vecinales siempre que sea una solución para todo el año (no sólo en verano) y que no emita ruidos molestos. En cuanto al cierre de todas las plazas con movida que estén cerca de viviendas, algunos son reacios por el perjuicio que tendría para la entrada y salida de los residentes. La botellona, la moda de consumir grandes cantidades de alcohol a granel en concentraciones callejeras que cambian cíclicamente de emplazamiento, cumple más de una década en Sevilla desde que empezó a extenderse como una mancha de aceite a principios de los 90. El ruido, la basura y las conductas incívicas que acompañan a estas reuniones han elevado al máximo el enfrentamiento entre los vecinos afectados y los jóvenes. Esta tensión, dicen los afectados, podría provocar un grave problema de orden público si el Ayuntamiento no se toma de una vez en serio el problema. El derecho a la diversión ha alterado la vida cotidiana de los residentes de las zonas afectadas. Los pisos pierden valor y su venta se hace muy complicada, la evacuación de emergencias se obstruye de madrugada por la aglomeración de jóvenes, el derecho al descanso es una utopía y los espacios ocupados por la botellona amanecen destrozados y repletos de basura. Con este cóctel de circunstancias, la crispación vecinal ha alcanzado niveles preocupantes. En el Prado, un barrio afectado por el ruido de los conciertos periódicos, se recogieron más de 1.500 firmas de protesta en 40 comunidades con el polémico anuncio de que la movida se trasladaba a los jardines, cuenta Miriam Benjumea, para quien la movida nociva surge por "una falta de responsabilidad de los jóvenes y de sus padres". Las seis asociaciones vecinales coinciden en que ha faltado una verdadera voluntad política durante los últimos años para coger por los cuernos el problema. "No se han puesto todos los medios suficientes para solucionarlo desde las distintas administraciones. Ahora parece que se han convencido de la gravedad del problema. Esperamos que lo arreglen en el menor plazo. Esto no hay quien lo aguante", opina Antonio Muñoz, de la Federación de Entidades de Sevilla Este. El hecho de que la botellona se mueva de unos a otros barrios empeora la cosa. El barrio del Arenal, por ejemplo, sufrió con virulencia el fenómeno en 1992, pero desde 2001 se ha convertido en una zona "semitranquila" para vivir, en palabras de Antonio Fernández, de la asociación Torre del Oro, que denunció a la Corporación municipal de Becerril por no actuar contra el ruido de la movida y logró una sentencia histórica del TSJA que exigía al Ayuntamiento, como administración responsable, poner coto a la movida. Según Fernández, la movida se fue porque le cerraron espacios, como se ha hecho con la Plaza del Cristo de Burgos (donde la movida se fue para regresar) y como quiere hacer el gobierno local en las zonas residenciales que sufran este problema. Pero las asociaciones insisten en que cerrar plazas es desplazar el problema a otro lugar y piden medidas más completas. En Arjona y sus aledaños, el problema, que se da en invierno y en verano, surgió hace años desde que abrieron bares y discotecas junto al río. Lola Dávila, de la asociación Estación de Córdoba, reclama al Ayuntamiento que dé voz a los vecinos afectados para buscar soluciones. En Torneo, las incidencias llegan con el ruido de las terrazas de verano que el Ayuntamiento promete ahora llevar al apeadero de la Cartuja. En la plaza Blanco White, detrás de la Buhaira, los problemas comenzaron hace unos cuatro años al calor de la apertura de varios bares y es ahora cuando, tras fuertes movilizaciones, han logrado que el Ayuntamiento valle la zona. "Los jóvenes nos dicen que si tuvieran 100 euros no harían botellonas; quieren que nosotros les busquemos la solución y ponen por encima de todo su derecho a emborracharse, aunque son conscientes de que molestan", protesta Rosa Vallejo, quien destacó la desesperación de una vecina que se mudó a la plaza de Blanco White huyendo de la movida que entonces se concentraba en Los Remedios y ahora vuelve a sufrir el mismo insomnio.
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