Jerez, 02/05/04 El día del desmadreRafael Navas RenedoEs curiosa la coincidencia. Hoy es el día de la madre. Y también del desmadre. Bueno, esto último lleva varios días siéndolo. Por las motos, naturalmente. Lo que pasa es que ya casi no nos damos cuenta porque nos hemos acostumbrado. A estas alturas no nos extraña que los Peláez se tengan que ir este fin de semana a Cuenca para poder pegar ojo (ellos aguantan el ruido pero sus críos no) por haberse comprado en su día aquel soleado piso en la Avenida. O que Paquita, la tía de El Puerto, se vaya a pasar el fin de semana al campo porque su casa está en plena Ribera del Marisco. Un ritual que se repite cada año por estas fechas y al que asistimos con resignación.Hace años nos sorprendíamos y hasta nos cabreábamos por determinadas situaciones que ya no sorprenden a nadie. Estos días pasan cosas que en cualquier otro momento del año harían llevarnos las manos a la cabeza. Pero en este contexto de fin de semana motero cabe todo y, a fuerza de costumbre, cada vez más. Es como si Jerez, su entorno, penetrase durante unas horas en una especie de agujero negro donde no existen el tiempo ni el espacio. El evento que atrae a decenas de miles de almas sobre dos y cuatro ruedas está por encima de todo y la excepcionalidad de la situación y su falta de control hacen el resto. La ley, sobre todo la de seguridad vial, también se va de vacaciones estos días, como los Peláez o la tía Paquita. Y no pasa nada. Es tanta la gente que se junta en tan poco espacio que nadie puede tratar de controlarla. Es más, si lo intentasen, el peligro podría ser aún mayor. Al menos eso dicen. En consecuencia, estos días hay que convivir irremisiblemente con la asunción de una irregularidad pasajera. Se puede aparcar encima de la acera, circular por encima de la acera, circular sin casco, circular en paralelo, rebasar los límites permitidos de velocidad y ruido... cualquier cosa. Y nadie se atreverá a montar un puesto de control de alcoholemia para motoristas a la entrada y salida de las ciudades de la zona, sobre todo de madrugada, como sí ocurre el resto del año, incluso días de Feria. Sin hablar de la cara de tonto que se le pone a un currito el lunes cuando ve que le han multado su 'mobilette' -con la que va a trabajar- por aparcar encima de la acera. Dejan tanto dinero estos visitantes y nos hacen tan famosos que no vayamos a mosquearlos y no vuelvan más. Una vez, hace unos pocos años, un concejal de una ciudad de la costa me confesó que las noches del mes de agosto no se multaba a los coches con matrículas "de fuera" que aparcaban encima de las aceras o en lugares prohibidos por temor a que se llevasen un mal recuerdo y no volvieran por aquí, donde por lo visto había que arrastrarse por un turista. No creo que esto sea así, y menos ahora, porque turistas no nos faltan. Pero sí entiendo que los que nos interesan son los que cumplen las leyes, como el resto de los mortales, y no los que se las saltan amparados en la masa y en nuestras tragaderas. Grandes premios de motos los hay en muchos más sitios y en ninguno de ellos les montan un circo como el nuestro que se carga en dos días todas las campañas de educación vial. Que una cosa es estar resignado y otra no poder hacer al menos estas reflexiones, aunque sean políticamente incorrectas.
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