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Barcelona,

Guardianes del sueño

BCN inicia una campaña con mimos para convencer a los noctámbulos de que respeten el descanso El debut en Horta logra un silencio a medias
Patricia Castán
En vez de multas, risas. En lugar de denuncias, teatro en la calle. La nueva receta del Ayuntamiento de Barcelona contra el ruido nocturno ha cambiado la mano dura por la disuasión amable. El primer episodio del experimento se escribió la madrugada del sábado en una zona de bares con terraza en Horta. El resultado fue un silencio a medias: lo que duró la pantomima, y poco más.

El escenario del estreno de esta performance cívica fue modesto. La plaza de Eivissa, mucho más asequible, por ejemplo, que la del Sol, en Gràcia. "Aquí no hay muchos problemas, alguna vez protesta algún vecino, pero no hay botellón", aseguró un responsable del Frankfurt Julia, siempre a rebosar. En una esquina de la plaza, no obstante, un grupo de jóvenes se arrimaba a una gran botella que compartían alegremente a las diez de la noche. Tal vez alertados de la actuación municipal, se escabulleron calle abajo.

Pasadas las once, cuando la comitiva contratada desde el consistorio hizo acto de presencia, la banda sonora la componían la cháchara de los comensales de las terrazas y el tintineo de vasos, platos y tenedores. Y de pronto, se hizo el silencio. "Schhhhhhhh", se impuso un individuo en pijama. Cuatro actores, una cama y una moto compusieron el montaje, junto a una terraza. Una pareja simulaba dormir y se despertaba, atribulada por el sonido urbano. Con el dedo invitaban a callar.

El público apenas se atrevió a masticar durante los siguientes minutos. Algunos no salían de su estupor: "Si ni la Guardia Urbana les asusta, imagínate tú con el teatro", masculló Miguel, que esa noche ocupaba una terraza --"sólo para cenar" --, pero que a medianoche ya estaría en su cama, convertido en víctima del ocio ajeno.

Ni prohibir ni ordenar
Justo entonces, uno de los actores en una minimoto serpenteó por la plaza con gran estrépito. El trío tendido sobre la cama volvió a llamar la atención, desvelado. Los mimos del Taller de Cultura SL se desplegaron por la plaza, fingiendo tratar de dormir entre la clientela. La sutil persuasión ya demostraba, a esa hora, tener un bajo radio de influencia. En la terraza anexa nadie dejó de hablar ni aparcó la cubertería. Fuentes del distrito precisaron que la clave era "que la gente tome conciencia de la importancia del silencio; en ningún caso se trata de prohibir, mandar o ordenar, sólo de educar".

El show presuntamente didáctico se repitió entonces en el resto de terrazas, y discurrió por la calle del Tajo, hasta la plaza de Bacardí, con idénticos gags . La concejala Elsa Blasco se unió entonces al grupo, esperanzada en la fórmula "amable", que se ha acompañado de una moratoria para que no abran más locales nocturnos en el distrito durante un año. Pese a su fe en la singular campaña (que se repetirá el próximo sábado y el 10 y el 17 de julio en el distrito, y tendrá réplicas también en Ciutat Vella), aseguró que "también habrá medidas coercitivas" si alguien no cumple con las reglas de la convivencia.

La plaza de Eivissa había vuelto a su feliz bullicio cuando a un camarero se le cayó a todo volumen un plato de almejas. La clientela se giró al unísono con un jocoso "schhhhhhhhh". La lección quedó aprendida, al menos un rato.

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