Bilbao, 06/06/04 Guerra ‘‘limpia’’ al botellónCada domingo por la mañana se recoge una media de 5.000 kilos de botellas y vasosOlga SáezBilbao amanece cada domingo entre botellas, vasos de plástico, basura y olor a orín. Son las secuelas de una noche de botellón de la que pocos barrios se libran. Con el amanecer se mezclan los últimos mohicanos de la noche y los más madrugadores entre una marea de suciedad que sólo parece creíble si se observa ‘‘in situ’’. Desde hace dos meses, el Ayuntamiento de Bilbao ha activado un plan especial para paliar los efectos de este fenómeno. Desde las seis de la mañana, 43 operarios y 23 vehículos recogen, limpian y desinfectan las calles más afectadas. Los empleados de limpieza llegan a recoger 5.000 kilos de vasos de plásticos y botellas cada domingo y emplear 200.000 litros de agua. Al año se destinan 400.000 euros para limpiar la ciudad de los residuos de esta moda de beber en la calle.«Trabajamos a contrarreloj para que los vecinos más madrugadores tengan un despertar digno», dice uno de los técnicos del Ayuntamiento de Bilbao, que comprueba los trabajos de limpieza. Son las 6.45 de la mañana. Los días ya amanecen antes y eso ofrece una visión más desoladora de Bilbao. «Afortunadamente a estas horas todavía no hay gente por la calle», dice uno de los técnicos responsables. Los trabajos de limpieza hasta las once de la mañana son incesantes en todas las áreas afectadas por este gran problema. El mayor despliegue de limpieza se realiza en el Casco Viejo. Lo primero es quitar la basura ‘‘mas visible’’, adecentar la primera vista. Mediante un equipo motorizado con dos operarios se realiza un recogida de bolsas de basura depositadas en la calle, aunque en Bilbao no hay recogida los domingos (noche del sábado al domingo). La limpieza se hace forma mecánica mediante la utilización de dos barreras y una baldeadora mixta. Las máquinas se apoyan además en el baldeo manual. Con ello se limpia lo más grueso para después mediante otros diez equipos realizar barrido manual y baldeo utilizando las mangueras. Los más de 200.000 litros de agua que se vierten a presión arrastran la suciedad de los rincones más recónditos. Pero algunas zonas necesitan además una desinfección. De hecho, en las Siete Calles y alrededores hay 28 puntos en los que se realiza ese aseo especial con un producto contra las bacterias de baja toxicidad. Poco a poco el agua a presión, las barredoras y las máquinas dirigidas por los limpiadores van devolviendo un aspecto limpio a las calles arrasadas por el ‘‘botellón’’ . Las montañas de plásticos y bolsas juntos con los recipientes van desapareciendo en las primeras horas de limpieza con el fin de que para las once la Villa esté limpia e incluso sin malos olores. A veces, los limpiadores tienen que repasar más de una vez la misma zona porque hay gente que espera hasta bien entrada la mañana para retornar a su casa. El fenómeno de beber en la calle o “ir de litros”, como lo denomina la juventud, se ha convertido en algo más que un problema social entre padres, hijos y educadores. Afecta a los vecinos y es un importante problema de suciedad. Los responsables municipales tienen establecido un mapa con 69 puntos como zonas de acumulación de residuos. La más castigada es el Casco Viejo, pero no la única. La plaza Arriquibar, Basurto, las plaza Bizkaia, Indautxu, San Pedro y Torres Quevedo, las calles Doctor Areilza, Licenciado Poza, Camino Capuchinos, Rodríguez Arias, Caminos de la Ventosa, los parques de doña Casilda y Botika Vieja, Orixe, Sarriko, Capuchinos de Deusto, Camino Berriz, Luzarra, o las Galerías Deusto se encuentran en esa lista negra. Otros puntos críticos son la calle Hermanos de la Torre, la avenida Maurice Ravel, Mondobide, la plaza Moraza, la Escalera Uribarri, Viuda de Lezama, Mallona: Ascensor y Calzadas, Fica, Grupo Gandasegui, plaza de Haro, Zizurene, Txotena, Ibarreta, Bastida, plaza Carmelo, P. A. Guinea, San Joaquín, Sagarminaga, Santos Juanes, Solokoe-txe, Unamuno, Iturribide, plaza Gaiarre, Príncipe, Arbolantxa, Uribitarte y Eskurtze. Ademas, el Ayuntamiento se enfrenta a otro tipo de suciedad distinta del botellón, tiene instalados 74 contenedores con capacidad para 240 litros para los vidrios. Un equipo de personas y dos vehículos adaptados se encargan de la recogida cada día en unos horarios prefijados. Y dos equipos especiales actúan cada día en ciertas zonas en las que aparecen jeringuillas. El año pasado se recogieron 778 toneladas de muebles y 20 de productos tóxicos.
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