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Madrid, 08/08/04

El silencio de los libros, perturbado por las obras

Aida Fernández
Los libreros de la Cuesta de Moyano sufren desde hace días las molestias de la construcción de la nueva subestación eléctrica

Una panorámica de enormes máquinas, paneles de aluminio, vallas y obras es el nuevo paisaje de la emblemática Cuesta de Moyano, donde se ubican desde hace años una treintena de casetas de libros.

Esta calle, visitada a diario por amantes de las letras, está sufriendo desde hace unos días las molestias de las obras de la nueva subestación electrica, que sustituirá a la de la calle Alameda, que quedó devastada tras el incendio del pasado día 15 de julio.

«Nos afectan bastante las obras», opinan casi todos los libreros. El ruido, el polvo, y la imposibilidad de cargar y descargar el material son las quejas más comunes. «La gente que viene a comprar o a vender libros, lo tiene ahora mucho más difícil», comenta Andrés, que trabaja en una de las casetas. Otra librera, que se queja de haber vendido sólo 38 euros en toda la mañana, protesta por los paneles. «Las personas son cada vez más cómodas, y no quieren comprar una enciclopedia si tienen que llevársela a cuestas», comenta mientras no cesa de repetir que esa situación es «de vergüenza».

El pasado viernes, el Ayuntamiento se reunió con estos libreros para estudiar las consecuencias de las obras. «Les hemos pedido que nos trasladen al paseo del Prado, somo en la Feria del Libro Nuevo, pero no quieren», comenta esta librera, consciente de que en ese lugar ahora está la subestación provisional. Ante los rumores de ser trasladados al Parque del Retiro, la negativa es clara y tajante. «Ni pensarlo», dice un librero, mientras encuentra la forma de descargar sus libros.

Los otros grandes perjudicados son los clientes, que acostumbrados a pasear mientras ojean distintas ediciones, ven ahora cómo la tranquilidad de esta cuesta ha desaparecido. «Nos han hundido», se lamentan dos jóvenes que desde hace años vienen por los menos una vez a la semana. Los hay, en cambio, que se lo toman con más filosofía. «Total, estamos acostumbrados a que Madrid esté de obras permanentemente», dice una joven a la que no parece importar toda esa maquinaria. «Si las obras son para algo bueno, habrá que aguantar las molestias», afirma una pareja más pragmática.

Pero los clientes de toda la vida, los que pasan horas y horas admirando las solapas de las portadas, sí que sienten que estas obras están invadiendo su espacio. «Espero que estas casetas no se muevan nunca de aquí», concluye un joven mientras rebusca entre los libros de uno de estos clásicos puestos.

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