Palma de Mallorca, 29/11/03 Cort prohibirá beber en la calle en las zonas habitadas de PalmaEl Ayuntamiento, sin embargo, hará la ‘vista gorda’ en las zonas no residenciales de la ciudad - La ordenanza municipal prohibirá el ‘botellón’ a los menores en todos los casosEsteban UrreiztietaEl botellón en la ciudad de Palma tiene las horas contadas. Pero, sobre todo, aquel que moleste al resto de los ciudadanos. Aquel que incordie, y que suponga un riesgo para la salud y para la seguridad de las personas. Para ello, Cort está ultimando una ordenanza municipal que espera implantar en el plazo de tiempo más breve posible. Por contra, se será permisivo con aquel botellón que se realice en lugares en los que no suponga ningún perjuicio para el resto de la ciudadanía. Y en el que se consuma alcohol, claro está, sólo por mayores de 18 años.Para desarrollar la ordenanza municipal, Cort ha tomado como modelo el borrador realizado por la Federación Española de Municipios para regular el consumo indebido de bebidas alcohólicas. Y se ha dispuesto una comisión política y técnica para elaborar el texto definitivo. Todos sus integrantes tendrán un objetivo primordial: evitar que los menores consuman alcohol. Y es que la edad media en la que los jóvenes de Baleares empiezan a beber ha disminuido a tan sólo 13,6 años. Para atajar de una vez por todas el problema, se va a trabajar sobre varias líneas de actuación: unas a corto plazo y otras no tan inmediatas. La concejalía de Sanidad de Cort va a intensificar la prevención, la orientación y la educación de los más jóvenes con respecto al acohol. Y en este sentido, continuará y ampliará los planes de educativos que ya está desarrollando en los colegios. También en los centros escolares se están difundiendo campañas similares, pero centradas no sólo en la bebida, sino también en las drogas. Y en esta línea se seguirá desarrollando el Plan Municipal de Drogas, que actualmente está en fase de elaboración. Dentro de este tipo de actuaciones a medio o largo plazo, se encuadrará también la cooperación con asociaciones vecinales y, en definitiva, con el resto de ciudadanos que no participen directamente del botellón, pero que se puedan llegar a ver afectados por sus consecuencias negativas. Plan de choqueA corto plazo. O mejor dicho, de manera inmediata, se van a aplicar una serie de medidas que pretenden atajar de manera directa este problema que cada vez se ha extendido más por Palma.Entre las mismas, estarán la prohibición de venta de bebidas alcohólicas en la vía pública -a excepción de la que realizan aquellos establecimientos que posean la licencia correspondiente, como puedan ser algunas terrazas-; la vigilancia constante para que no se venda bajo ningún concepto alcohol a menores de 18 años, sean cuales sean las características del establecimiento. Y se hará especial hincapié en los recintos al aire libre donde siempre suele resultar más sencillo para un menor tener a su alcance las bebidas que no le están permitidas consumir; y se restringirá al máximo la publicidad en aquellos lugares en los que los receptores del mensaje tengan una edad inferior a 18 años. Pero está claro que no todo pueden ser prohibiciones. Para ello, el Ayuntamiento quiere ofrecer un ocio alternativo, al igual que se ha venido haciendo en otras grandes ciudades españolas. Y, sobre todo, unas alternativas enfocadas a la práctica del deporte. Aunque ya se han realizado en Palma experiencias fomentando el uso de internet como alternativa al conflictivo botellón. Según el portavoz municipal, Rodrigo de Santos, la afición por beber en la calle en Palma «comenzó por ser un problema de limpieza; posteriormente se convirtió un problema de tráfico y ruido; más tarde, de seguridad vial; y ya estamos hablando de un problema en el que hay de por medio vidas humanas». Según él, «han ido aumentando las zonas escogidas para hacer botellón». Así, «de las zonas iniciales del Moll Vell y de la Estación Marítima», esta forma de ocio se ha extendido «a la puerta de las propias discotecas». Porque aquí, «esta práctica tiene unas connotaciones diferentes a la que se realiza en otras ciudades de España». Y es que, dice De Santos, el botellón de Palma se caracteriza principalmente «por el uso del coche», que ahora en temporada baja, resulta mucho más fácil de aparcar en el propio Paseo Marítimo. El telón de fondo de estas medidas es sobradamente conocido: unos jóvenes que cada vez beben antes y en mayor cantidad; unas calles que amanecen a la mañana siguiente como si se hubiera librado en ellas una auténtica batalla campal; unos vecinos son incapaces de conciliar el sueño y cuyas viviendas se devalúan a pasos agigantados; unas vías circulatorias, como el Paseo Martítimo, que en lo que llevamos de año ha registrado ya casi 200 accidentes con un balance de 4 muertos. O dicho de otra manera: más de 20 accidentes mesuales; y últimamente la diversión de arrojar botellas a los yates amarrados y lanzar a algún que otro amigo al agua en pleno estado de embriaguez. Por todo ello, y por lo que pueda pasar en el futuro, Cort está ultimando esa esperada ordenanza municipal que permita «el difícil equilibrio» entre «los adultos que quieran beber en la calle sin molestar a nadie» y «los jóvenes que no deben beber». O sea, que permita que todo el mundo disfrute sin que nadie resulte perjudicado: ni los que quieren consumir un alcohol adquirido por ellos mismos al aire libre; ni los más jóvenes que se quieran divertir un fin de semana por la noche y no encuentren más alternativa que el cada vez más extendido botellón.
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