Palma de Mallorca, 11/07/03 Chumba-chumbaCarlos GarridoPobre isla de la calma. Pobre Santiago Rusiñol. Pobres tópicos baratos pasados a mejor vida.Circular por Palma es como sufrir un frotamiento cerebral interior, un estiramiento de nervios, un rechoque de neuronas. Pasan esos coches chumba-chumba, con la música y los bajos tan zumbones que tiemblan hasta los cristales de las gafas de sol. Intentas adivinar la cara que pone el conductor, detrás de sus vidrios ahumados. Y sólo ves una cabecita complaciente, absolutamente devorada por los decibelios. Que en vez de circular por las Avingudes transita por una especie de video-juego ambulante. A cada instante te adelantan las motos petardescas, sin silenciador, que en realidad constituyen algo así como un ruido que anda. Las escuchas cuando toman la recta. Cómo se acercan, cómo desarrollan después el efecto Doppler al variar su sonido a medida que se alejan. Una, otra, otra más. Y aquella gente achocolatada que contaba Rusiñol. La de las largas pausas, los tranvías que esperaban a sus usuarios, las benditas siestas. Mentira, señores, mentira. Hoy en Palma todo el mundo toca el claxon. Incluso las señoras bienpensantes. Se sobreentiende que el tiempo es oro, que irrita mucho el esperar, que tengo cosas más importantes que hacer, y con quién se piensa que está usted hablando. Desanimado estaba, viendo cómo un coche en doble fila dificultaba el tránsito. Cuando escuché a mi lado una expresión malhumorada y amarga: "Però vols caminar cap de faba amb orelles!". Me volví. ¡Era una adorable monjita! Al volante de un 4L blanco. Pobre Rusiñol. Qué poco tendría hoy para escribir.
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