Palencia, 27/2/3 Hosteleros y vecinos coinciden en reclamar que se cumpla la ordenanza local sobre ruidosUniversitarios y mayores participan en un debate sobre el ruido en las zonas de ocioFarsu propone crear una zona de ocio para jóvenes fuera del casco urbano. Los hosteleros consideran que supondría una pérdida para sus negocios y que sólo beneficiaría a unos pocos. El grupo vecinal mantiene que es la única forma de que puedan compatibilizarse los derechos al descanso y a divertirse. Los jóvenes palentinos reconocen que hacen ruido pero prefieren que los bares continúen en el centro. JOSÉ MARÍA DÍAZ
La Universidad de la Experiencia pretendía con esta actividad fomentar el contacto intergeneracional, además de buscar puntos de encuentro ante un problema que afecta a una gran parte de la sociedad. El debate estuvo precedido por una presentación de planteamientos de dos de los principales grupos afectados, el de los hosteleros y el de los vecinos que denuncian sentirse agredidos por los ruidos de los bares. Representantes de la Asociación de Hostelería y de Farsu expusieron sus puntos de vista ante mayores y estudiantes de Educación Social, que aportaron diferentes ideas para intentar resolver el conflicto. El debate se cerró sin que pudiera alcanzarse un entendimiento pleno entre las partes, aunque tanto hosteleros como vecinos se mostraron de acuerdo en culpar a la administración (el Ayuntamiento) de generar el conflicto al no hacer cumplir la ordenanza municipal sobre ruidos. Los representantes de los hosteleros y de Farsu coincidieron en reclamar al Ayuntamiento que haga cumplir la normativa, y reprocharon a la corporación que hasta las últimas semanas no haya ofrecido una formación adecuada a los agentes de la Policía Local para realizar mediciones de sonido en los bares.
Farsu propone crear una zona de ocio para jóvenes fuera del casco urbanoLos hosteleros consideran que supondría una pérdida para sus negocios y que sólo beneficiaría a unos pocosEl grupo vecinal mantiene que es la única forma de que puedan compatibilizarse los derechos al descanso y a divertirseLos jóvenes palentinos reconocen que hacen ruido pero prefieren que los bares continúen en el centroClementina Merino vive en el barrio de San Pablo desde hace seis años, pero todavía se siente residente de la zona de La Puebla, tanto que todavía ocupa el cargo de presidenta de la asociación de vecinos. Pero es que Clementina no abandonó el barrio en donde había pasado treinta años por propia voluntad, lo hizo obligada por un motivo que quizá para muchos pueda parecer insignificante, pero que para su familia se había convertido en una pesadilla: el ruido, pero un ruido cualquiera, sino el que provocaba el bar que tenían debajo de su domicilio.La decisión tomada por Clementina de cambiar de casa puede parecer exagerada, y ella misma lo reconoce, pero también señala que su vida en el domicilio de la calle San Juan de Dios, en pleno barrio de La Puebla, se estaba convirtiendo en un infierno, no sólo por la imposibilidad de descansar adecuadamente, sino por lo que ella considera una clara inoperancia del Ayuntamiento, administración competente en esta materia Pero los problemas relacionados con los ruidos y las vibraciones que provocan los bares no se restringen únicamente al domicilio que ocupaba Clementina Merino, es una circunstancia que afecta todavía hoy a decenas de vecinos de Palencia, que afirman vivir un calvario como consecuencia del incumplimiento de la Ordenanza Municipal para la Protección contra las Emisiones de Ruidos. Para denunciar esta situación, surgió hace diez años la Federación de Asociaciones para el Respeto Social y Urbano (Farsu), que en las pasadas elecciones presentó una candidatura al Ayuntamiento de Palencia y que en las próximas aspira también a conseguir al menos un concejal. Farsu, que desde su aparición no ha parado de presentar quejas y denuncias por emisiones de ruidos, plantea en su programa electoral una propuesta que busca evitar esa colisión entre el derecho al descanso y los derechos para ejercer una actividad empresarial y para divertirse. Los responsables de Farsu consideran que deben respetarse todos los derechos, pero sostienen que en las circunstancias actuales es imposible compatibilizarlos, por lo que proponen la creación de una zona de ocio para jóvenes fuera del casco urbano, en donde los hosteleros puedan ejercer su actividad y los jóvenes puedan divertirse sin que se conculque el derecho al descanso. Sólo un culpableClementina Merino asegura que la culpa de que exista un conflicto entre algunos vecinos y los hosteleros recae sobre el Ayuntamiento, ya que desde su punto de vista no se ha preocupado nunca de que se cumplan las leyes referidas a ruidos o a instalación de bares. «Al final, nos cansábamos de denunciar, porque no conseguíamos nada. Venían los policías, medían, comprobaban que se superaban los decibelios permitidos y abrían un expediente sancionador. Pero el problema seguía estando ahí a la noche siguiente», explica esta mujer, que confía en volver algún día a su domicilio de la calle San Juan de Dios. No quiere culpar a los hosteleros, ni por supuesto a los jóvenes, aunque sí cree que hay algunos propietarios de establecimientos que incumplen deliberadamente las normas a sabiendas de que no serán sancionados o que únicamente recibirán una pequeña multa. Clementina Merino asegura que respeta el derecho a divertirse, pero pide que también se respete su derecho a descansar. «La situación se volvió insoportable, porque no era un problema que se produjera sólo los fines de semana. Mi casa estaba encima del bar y se oían todos los ruidos porque no contaba con ningún tipo de aislamiento», asegura Clementina, que afirma haber podido vivir de forma normal con el establecimiento debajo de su domicilio durante seis años. «El problema comenzó cuando cambiaron de dueño, porque antes el bar cerraba a las doce de la noche y no tenía música, porque carece de licencia. Pero después del traspaso pusieron música a todo volumen y todos los días cerraba a las cuatro o las cinco de la mañana. Los muebles de mi casa temblaban y era imposible pegar ojo. Además, los días que no tenías que trabajar, tampoco podías dormir por la mañana, porque habrían a las diez», asegura Clementina, quien después de dos años y medio de denuncias y enfrentamientos personales con el hostelero decidió abandonar su domicilio y trasladarse a otra zona de la ciudad, lejos del ambiente de bares. Una zona «gueto»Por su parte, los hosteleros también consideran que si hay algún culpable es el Ayuntamiento, porque no quiere aplicar la ordenanza municipal sobre ruidos. «Es una lástima que por unos pocos incumplidores tengamos que pagar todos y nos acusen de provocar los ruidos», se queja el presidente de la Asociación de Hostelería, Francisco Javier López Arroyo, que ha mostrado su rechazo a que se cree una zona de ocio fuera del casco urbano, a la que se trasladarían los discobares y discotecas. Los hosteleros creen que se crearía un «gueto» controlado por unos pocos empresarios que tendrían todos los establecimientos, lo que significaría la ruina para una gran parte de hosteleros palentinos. Tampoco los jóvenes parecen muy convencidos de querer pasar los fines de semana recluidos en una zona alejada del centro de la ciudad. «Yo entiendo que hacemos ruidos y que a veces molestamos. Pero no me gustaría estar todo el tiempo pendiente del transporte, de si me llevan o de un horario de autobús», explica Vanesa, una joven palentina aficionada a los bares de la zona del Seminario. Por su parte, Clementina ve con esperanzas la propuesta de Farsu y confía en que algún día cierren el bar de su martirio para poder volver a su barrio. «Tengo esperanzas de volver. Además, sigo conservando la casa, porque no he podido venderla ni alquilarla. No hay quien pueda vivir allí y tampoco me gustaría venderla por lo mismo que me costó hace quince años».
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