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Manacor, 2/2/3

Remodelación de espacios públicos / Plaza Sant Jaume

Resignación y esperanza de mejora

Vecinos y comerciantes sufren el polvo, las vibraciones y problemas de accesibilidad por las obras del aparcamiento
El pasado mes de junio se inició el desmantelamiento de la plaza, de los árboles y palmeras, de su fuente y de sus cuatro populares peces. En seguida, las máquinas excavadoras abrieron un gran foso que el año que viene albergará un aparcamiento subterráneo de dos pisos y 200 plazas.

El polvo, las vibraciones producidas por las excavaciones y la difícil accesibilidad a los comercios y a las viviendas de la plaza y de las calles adyacentes, como la calle Joan Lliteras, son los aspectos que más molestias han acarreados a los vecinos y comerciantes.

Sebastià Rosselló lleva 31 años regentando el estanco de la plaza. “Me parece bien que arreglen la plaza, pero me preocupa que cuando la terminen no haya el verde que había antes”, asegura Sebastià. Aunque hace una semana se reabrió a la circulación un lateral de la plaza, cerrando el acceso provisional que pasaba por el centro del foso, Sebastià asegura que durante los siete meses que ha estado cerrado “lo hemos notado en en el negocio. La gente no llegaba hasta aquí”.

Más abajo, en una esquina, se encuentra la tienda Línia Jove de zapatos infantiles y juveniles. Catalina Cánovas lleva 14 años al frente de la tienda. “La gente viene menos. ¡Muchos creían que habíamos cerrado!” Catalina se alegra de que se haya abierto al tráfico la Via Roma y el vial de la plaza que conecta con el centro “porque la accesibilidad es muy importante para gente de otros pueblos, de las cuales vivimos muchos comercios”. Su deseo es que “nos la dejen bonita y que nos la cuiden instalando zonas ajardinadas, una buena iluminación y más vigilancia”.

“Las vibraciones empiezan a las siete de la mañana. Parecía una discoteca a todo volumen”. Bartolomé Rubio vive en la plaza desde hace 30 años, en un edificio de 6 pisos. “Como vecino, y aparte del polvo y el ruido de estos meses, creo que a la larga la remodelación traerá más ambiente a la zona”. Su mujer, Carmen, asegura que por el ruido “muchas veces no se oye ni la tele, y a las siete todo el mundo debe estar en pie”.

A cincuenta metros de la plaza, en la calle Joan Lliteras, los comercios también han notado la mala accesibilidad desde la plaza. Guillem Cànaves, “de toda la vida” ha vivido y trabajado en el Forn Can Lliro y, después, en el Bar Can Lliro. “Me parece necesario que se hagan aparcamientos porque se van a quitar muchos”, asegura Guillem, quien añade que “hubiera estado bien recuperar el proyecto de aparcamientos en la 'illeta Joan Lliteras´, dentro de los patios de las casas”.

“Cuando era pequeño, abría las ventanas de mi habitación y podía ver los pajarillos sobre los pinos sembrados en la plaza, que con el tiempo crecieron y llenaban de verde la plaza de Sant Jaume, que siempre ha sido un pequeño pulmón en el centro de la ciudad”. Joan Parera tiene ahora 39 años y ha vivido y trabajado siempre en la plaza que lleva el nombre del patrón de la ciudad, y recuerda que “esta será la segunda vez que se modifica la plaza”.

Desde su tienda familiar, Muebles Vda. de Juan Parera, goza de una vista privilegiada de todo lo que pasa en la plaza de Sant Jaume. Desde hace siete meses solamente divisa una valla metálica, que delimitará el recinto hasta que se finalicen las obras de un aparcamiento de 200 plazas.

Desde el punto de vista comercial, Joan asegura que las obras han aportado muchas molestias, e insiste en que le gustaría que la segunda renovación de la plaza aporte a la zona el verdor de antaño.

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