Valencia, 20/2/2002 El "botellón"PEDRO MAESTREAla corte de Aznar lo que le preocupa parece ser no es que el consumo de alcohol entre los menores de edad esté muy extendido sino que éstos y los que ya tienen derecho a voto beban en la calle. La queja, justificada, de los vecinos ha sido el detonante para que se saquen de la chistera de la coerción unas normas que maniate a los jóvenes. En esta sociedad egoísta e hipócrita no importa las causas de los problemas ni el diálogo sino la ley pequeñoburguesa de sálvase quien pueda y la apariencia de autoridad resolutiva. Aunque sea haciendo el ridículo con desproporcionadas medidas policiales: el cerco de todas las plazas españolas no parece viable y mucho menos adecuado para la salud de la adocenada libertad que disfrutamos.A los jóvenes los adultos como siempre no los entienden, perdón entendemos, y enseguida se etiqueta, se mete en el mismo saco a todo mundo por igual y en el colmo de los colmos se argumenta que es que la juventud confunde libertad con libertinaje. La simplificación es la salida perezosa del que no quiere pensar. Y el botellón es la punta del iceberg de un problema complejo como la vida misma. Está claro que con ejércitos de furgones policiales no se va a evitar que los jóvenes sigan bebiendo -hecha la ley hecha la trampa-, sino que habrá que indagar las razones que determinan que para una barahúnda de rostros con acné emborracharse sea una condición sine qua non para divertirse, y en plena calle, haga frío o calor. ¿Son culpables o víctimas de la cultura etílica que tenemos? A la corte de Aznar como en otros temas sólo le interesa un lavado de cara, que este caso se traduce en la no alteración del orden público. Los vecinos han protestado, entre los que me incluyo -ahora vivo en Malasaña, en la madrileña, ya icono televisivo del desparrame, plaza Dos de Mayo- y la obtusa respuesta ha sido mandar a los doberman. No es la solución: los vecinos tenemos derecho a dormir y que nuestros portales no huelan a meados, pero los jóvenes tienen derecho a ser jóvenes. Es que parece que se lo nieguen, perdón, neguemos.
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