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Pamplona, 02/02/2002

El 'botellón', un hábito que se extiende en Pamplona y que ya ha provocado quejas

Los vecinos de las zonas afectadas critican los ruidos y la suciedad que se produce el fin de semana

B.AOS/V.DUCRÓS
Los jóvenes están cambiando su forma de diversión. Cada vez son más los que prefieren reunirse con sus amigos en plazas y parques y prepararse sus propios cubatas que acudir a los bares de copas, cuyos precios superan en muchas ocasiones las posibilidades de los adolescentes.

Estas reuniones generan suciedad, ruidos y malestar entre los vecinos de las denominadas zonas del botellón. Aunque el problema resulta menor que en las grandes ciudades, como Madrid y Valencia, en Pamplona cada vez se nota más esta molesta moda.

En la capital navarra, la plazuela de la O, la plaza de San José, algunos sectores del barrio de Iturrama y la Media Luna son los principales focos de esta actividad. Jesús Azcárate, presidente de la Asociación de Comerciantes de Iturrama, se queja de esta concentración de jóvenes no exclusivamente "por el ruido que provocan, sino por la suciedad que producen. El ruido que pueden generar ocho o diez chicos que se reúnen con dos o tres botellitas, porque su economía no puede soportar los precios de los bares, no constituye el auténtico problema".

"De los cincuenta jóvenes que se suelen juntar en uno de estos lugares, cuarenta pueden ser muy majos, pero otros diez no, y esto se acaba contagiando. Se rompen botellas de cristal, queman papeleras, vuelcan contenedores... Esto provoca una queja continua de los vecinos. El hecho de que la calle se ensucie puede resultar circunstancial, pero aparecen cristales rotos, vómitos, defecaciones... Cuando todo esto se une a los actos de vandalismo, la tradición de los botellones se convierte en un problema", añade Azcárate.

"Además, últimamente se han puesto de moda las pintadas en los cristales de los comercios. Esto supone un quebradero de cabeza para los comerciantes, ya que no pueden cambiar los cristales, pues no están rotos del todo, sino rayados a causa de las firmas", subraya.

Incluso, en la plaza de San José "los jóvenes arrojan botellas a los transeúntes que pasan por la cuesta de los Curtidores y a la casa de los Barquilleros", según un miembro de la Asociación del Casco Viejo.

Jorge Sauleda, secretario general de la Asociación de Empresarios de la Hostelería de Navarra (AEHN), considera que el problema de los botellones va a ir en aumento "debido a la nueva política por la que van a cerrar más temprano los bares pamploneses. Se va a producir una vuelta de tuerca: si cierran pronto los bares, se crearán zonas de botellones. Es peor el remedio que la enfermedad".

Búsqueda de lo barato
Los adolescentes constituyen un grupo de población con un nivel adquisitivo más bien bajo, por lo que no siempre pueden permitirse una noche a cubatas. Por eso buscan alternativas más asequibles, y los botellones aparecen como la mejor opción si los jóvenes no disponen de una bajera en alquiler.

Así lo asegura Florencio Luqui, trabajador social, que apunta que se trata de una "tendencia generalizada en toda Navarra. El hecho de que en los locales los precios vayan subiendo y el nivel adquisitivo no tanto, hace que se busquen fórmulas para que salgan las bebidas más baratas".

Quizá sea ésta la principal razón de que los habituales de los botellones celebrados en la calle sean jóvenes de entre 16 y 20 años, pues los universitarios suelen realizarlos en los denominados pisos de estudiantes.

Sin embargo, los adolescentes utilizan líquidos caros en sus mezclas. Así lo afirma José Luis Larrión, periodista jubilado y vecino de la plaza de San José. "Por los restos que quedan, beben, sobre todo, kalimotxo y licores de melocotón, que son muy caros, por lo que no creo que se reúnan en la calle por los precios de los bares", señala.

Aunque las botellas de ciertas bebidas alcohólicas tengan precios elevados, en comparación con los estipulados por los bares resulta más rentable para los consumidores. Un ejemplo, una botella de ginebra ronda en el mercado las 1.300 pesetas (unos 7,81 euros); sin embargo, en la mayoría de los bares, un cubata que incluya ginebra cuesta unas 700 pesetas (4,21 euros).

Además, muchos de los jóvenes del botellón no tienen los 18 años, edad estipulada para poder consumir bebidas alcohólicas, por lo que, teóricamente, no se les puede expender alcohol.

Y contra esto quieren luchar tanto las autoridades como los vecinos. Estos últimos, como José Luis Larrión, critican que haya "tiendas de chucherías que también venden licores", por lo que una solución sería "perseguir a quienes les venden el alcohol".

A pesar de esto, poco se puede hacer. Un sábado por la tarde, cualquiera que pase por un supermecado puede ver cómo en las filas de las cajas hay muchachos de 18 años que sacan las bebidas para amigos u otros de la cuadrilla que no cumplen la edad legal.

Quejas vecinales
Los vecinos de las zonas afectadas por los botellones sufren diversas incomodidades. Los de Iturrama han mostrado su malestar a diversas asociaciones con la esperanza de que pongan fin al problema. El pasado noviembre, la Asociación de Comerciantes mantuvo contactos con algunos concejales que dijeron que estudiarían la posibilidad de elaborar alguna normativa al respecto.

Sin embargo, hasta ahora no han obtenido respuesta, por lo que la asociación se plantea denunciar la situación, en la que tienen vivir, a los medios. "Yo no soy partidario de la represión policial. Hay que detectar quiénes son los jóvenes problemáticos, sacarlos de este entorno y, si es preciso, castigarlos con multas. No todos los que se reúnen para beber son culpables de la situación, sino que hay grupúsculos dentro de estos jóvenes que son los que originan los problemas", explica Jesús Azcárate, quien propone que "una posible solución al problema pasa por intentar llegar a acuerdos con colectivos juveniles".

Por su parte, los vecinos del Casco Viejo, a pesar de vivir en una de las tradicionales zonas de marcha de la ciudad, se muestran más comprensivos con los botellones y hasta ahora las quejas sólo han venido por la suciedad que se genera los fines de semana.

Así, Florencio Luqui apunta que "es un poco hipócrita estar criminalizando a los jóvenes por el estilo de ocio que llevan. Todos hemos tenido 18 años y quien más o quien menos hemos bebido o nos hemos pillado una borrachera. Hay que intentar buscar el respeto mutuo".

Este buen ambiente se demuestra en que hasta la fecha no se han interpuesto denuncias por ante la Policía. Por ello, a pesar de que la Policía Municipal conoce la existencia de estos focos de botellones "no representa un problema para nosotros", indica el jefe de este cuerpo, Simón Santamaría.

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