Madrid, 27/01/2002 El «botellón» alarmaLOS SECRETOS DEL BUHO LUIS ANTONIO DE VILLENAEl botellón existe hará unos dos años, como mínimo, y algunos llevamos casi el mismo tiempo tratando de explicar el fenómeno.(Yo, sin ir más lejos, he pasado por varios el centro de Madrid es un hervidero y hasta he hecho encuestas). Sin embargo la derecha municipal y autonómica que nos gobierna cuidado derecha, no centro ha hecho en este tema lo que suele hacer la derecha, sobre todo en asuntos de moral: primero esconder la cabeza, como el avestruz, hacer que no ocurre nada, y luego cuando ya muchos dedos señalan las plazas ruidosas y sucias llevarse con estrépito las manos a esa antes escondida cabeza y comenzar a chillar o lanzar jeremiadas, como si se hundiese el mundo. Hombre, señores Gallardón y Del Manzano, ni tanto ni tan calvo. El botellón es un problema pero no el apocalipsis, y dejen en paz al pobre Defensor del Menor, que cosas mejores supongo tendrá que hacer.El botellón es un problema social porque puede causar mucho ruido (en algunas plazas se pueden rebasar las 300 personas) y porque genera enorme suciedad: plásticos, botellas vacías, vasos, pis y vómitos... Por supuesto eso debe ser arreglado, pero sin represión.Y es curioso (insisto) que hayan tenido que pasar dos años para que se piense en cómo mitigar este problema social. Lo del alcohol y las borracheras es tema más complejo que sería obtuso (y casi fascista, de tan de derechas) tratar de arreglar hoy con órdenes gubernativas. Los jóvenes en los que pueden incluirse teóricos menores de 16 o 17 años, que nada tienen que ver con los problemas de la infancia, pero la Ley del Menor parece que no distingue siempre han tenido la necesidad de excederse. Incluso en los horripilantes tiempos del franquismo lo hacíamos. (Quizás algún edil piadoso no, para evitar el pecado mortal, tan temido). El asunto es que no se masifiquen, que se les eduque en la moderación no en la castidad o la abstinencia y que existan bares baratos que permitan deshacer la (al decir de los propios jóvenes) primera causa del botellón: la carestía de los baretos. El botellón tiene algo de rito de paso, y eso existió siempre. Lo que hay que evitar es la masificación y la guarrería. Y si queremos ir más lejos y debiéramos hacerlo tendríamos que preguntarnos por qué hay tantos jóvenes que se sienten inseguros sin apandillarse. ¿Por qué no saben divertirse en grupos pequeños? ¿Por qué necesitan discotecas o plazas abarrrotadas para sentir alegría? ¿Por qué parecen no preguntarse nada y aspiran en esos largos fines de semana a que el mundo se resuelva en un vacío explosivo y pasota? A los jóvenes les falta -a los del botellón al menos- algo de rebeldía ideológica, una radicalidad sin garrafón ni vomitona...Eduquen, señores de la derecha, pero a estas alturas incluso suyas no repriman. No es ése el camino.
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