Zaragoza, 21/01/2002 DE RUIDOS Y SILENCIOCARMEN BandrésUno de los más enojosos conflictos de los núcleos urbanos reside en la dificultad para armonizar las actividades ruidosas con el derecho al silencio.La ciudad hace ruido. Mucho ruido, difícil de suprimir sin atentar contra lo que es la propia esencia ciudadana, una forma de vida que todos aceptamos quizá porque no podemos acceder a otras alternativas. Pero cuando llega la noche, son muchos quienes aspiran a un merecido descanso y se ven obligados a soportar entonces un ruido de carácter más evitable: esa música ensordecedora que señorea algunas calles plagadas de discobares. Normativas y decretos pretenden regular el derecho a dormir de los vecinos, sea cual sea el lugar donde se ubica su almohada. Pero su problema, una cuestión de convivencia, no se resolverá con medidas coercitivas sino cuando los implicados sean conscientes del daño que provoca un exceso de decibelios que ellos mismos son los primeros en sufrir: afónicos, ahogados en una cacofonía tecnológica que silencia todo menos el mensajito del móvil, soportan y nos hacen soportar una moda irracional. El imperio del ruido silencia al cerebro más lucido. Escritora
Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias |