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Pamplona, 20/1/2002

Una familia de la Rochapea pide que se vigilen los "botellones" de la plaza de la O

Denuncian que jóvenes tiran botellas desde la muralla a su vivienda, junto al Arga

I.R.
Una familia pamplonesa, que reside en una casa ubicada a orillas del Arga, junto a la cuesta de Curtidores, pide al Ayuntamiento una solución para acabar con los "botellones" (grupos de jóvenes que se juntan para consumir alcohol) que se organizan los fines de semana, junto a la muralla, en la plaza de la O. Estos vecinos están hartos de que su casa sea usada como diana para que estos jóvenes tiren sus botellas desde la muralla, cuando ya las han consumido. Aparte de producir serios daños materiales en el tejado de su casa y en sus coches, temen que una de estas botellas llegue a alcanzarles.

Saben que los jóvenes, ebrios, después de haber consumido litros de alcohol, utilizan su vivienda como si fuera una diana en la que estampar las botellas vacías, lanzadas desde la muralla. Pero lo que los hermanos Elena, de 35 años y José Luis, de 39, Abaurrea Amatriáin y su padre Pedro Abaurrea Aristu, de 71 años, temen es que, el día menos pensado, uno de estos botellazos "haga blanco" en sus cabezas. "Tal y como las tiran, te da una de estas botellas y no lo cuentas. Las consecuencias pueden ser gravísimas", dice indignado Pedro Abaurrea, que nació en esta casa. "Algunas de las botellas las tiran con tal fuerza que suenan como auténticas bombas. Es de asustar", confirma su hija, Elena Abaurrea, de 35 años, soltera y que trabaja como operaria en una fábrica que semilla champiñones y setas.

Todos los fines de semana
Ella, su padre y su hermano confirman que esta situación comenzó hace aproximadamente dos años y que ha sido a partir de los últimos Sanfermines cuando la situación se ha vuelto insostenible.

"Todos los fines de semana, la misma canción: de 22 a 1 horas, críos de 16 y 17 años que se emborrachan y luego no paras de oír botellazos, hasta en ocasiones oímos los gritos de los chavales antes de lanzarlas", comenta Elena. Las consecuencias del impacto de las botellas se deja ver cada domingo por la mañana: tejas rotas, suelo lleno de restos de cristales, ventanas también rotas...

"Una parte del tejado de la casa, la que mira a la muralla, está destrozada y, enseguida hay que cambiar las tejas porque sino luego se forman goteras", manifiesta José Luis Abaurrea.

El pasado diciembre, una botella de anís se estampó contra el coche de su hermana y le rompió la luna delantera. La "broma", 252,4 euros (42.000 pesetas) que le tocó pagar de su bolsillo. "Fue el colmo y me dirigí a Policía Municipal para poner una denuncia y lo primero que se les ocurrió decirme era que si tenía seguro. Pues claro, les respondí, pero, ¿qué hubiera pasado si la botella me da a mí en lugar de al coche?".

Caso omiso
La familia Abaurrea se queja de, a su juicio, el caso omiso que está recibiendo por parte de las autoridades compententes pese a haber denunciado el problema en repetidas ocasiones. "Prácticamente llamamos a Policía Municipal todos los fines de semana. Pedimos que se vigile esa zona, que un par de agentes acudan a la plaza de la O durante esas dos horas para que por lo menos, dejen de tirar las botellas. Nosotros no estamos en contra de que se diviertan, pero se lo pasan igual de bien bebiendo las botellas y luego tirándolas a un contenedor sin poner en peligro a nadie".

Elena Abaurrea vive en la casa afectada con su padre. Su hermano José Luis, casado y padre de dos hijos, reside en Tafalla pero suele visitar a su familia con frecuencia y conoce el problema.

Desde hace dos años, cada domingo, Elena y José Luis se dedican a recoger todas las botellas que no se han roto y que han quedado esparcidas por los alrededores de la casa. Todo el vidrio lo depositan en un contenedor que han habilitado al lado de su casa. "Hay miles de botellas, sobre todo de peché y whisky. Creo que todos hemos sido jóvenes alguna vez pero tengo claro que no nos divertíamos así", recuerda Elena.

Aparte de aquella mañana del 21 de diciembre que se levantó y se encontró el cristal de su Subaru roto, tiene dos cosas guardadas en la memoria. "La pasada Nochevieja llamamos a la policía nacional porque, después de cenar, nos daba miedo salir de casa. Ese día llovía y me refugié como pude debajo del paraguas. Creo además que los agentes intervinieron de algún modo porque las botellas dejaron de caer", relata.

Otro de los casos que recuerdan con más frecuencia es cuando, en verano, organizan cenas con la cuadrilla de amigos fuera de la casa. "Más de una vez hemos tenido que meternos en casa por miedo a llevarnos algún botellazo (...) Yo pensaba que con todo el frío que ha hecho este invierno cesarían los botellones pero, para nada, todo sigue igual, cada viernes y cada sábado".

La familia Abaurrea tiene claro que no va a consentir que esta situación se prolongue durante más tiempo, más cuando sabe que el Ayuntamiento es consciente del problema. "Los domingos por la mañana enseguida pasa una brigada a limpiar el tramo que va desde el Portal Nuevo y Curtidores, que está lleno de vídrios. Más de un conductor ha tenido un accidente en plena cuesta por el impacto de una botella", dice Elena.

Los Abaurrea están estudiando denunciar al Ayuntamiento de Pamplona y Policía Municipal por dejadez en sus funciones, si no toman medidas al respecto, aunque por de pronto es sólo un planteamiento.

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