Madrid, 20/1/2002 Los vecinos afectados por el «botellón» acusan al Ayuntamiento de Madrid de incumplir las ordenanzasM. J. Álvarez
Las quejas de los vecinos que viven en las zonas afectadas por el «botellón» se van a intensificar. El hartazgo y la falta de soluciones a los problemas derivados de esta «moda» son las causas. La reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, en la que condena al Consistorio hispalense por no frenar esta práctica les ha dado aliento. A pesar de que son conscientes de que la costumbre de consumir alcohol en la calle no es responsabilidad única del Consistorio, sino también de las Administraciones autonómica y local, por ser una cuestión que pasa por su regulación, acusan al Ayuntamiento de Madrid por no hacer cumplir las ordenanzas. ¿QUÉ SE PUEDE HACER?Vicente Hernández, portavoz de la AA.VV. de Malasaña, indica que «los perjuicios que sufrimos serían menores si les diera la respuesta adecuada, que está recogida en la normativa; así se acabaría con la actual sensación de impunidad». Por ello afirma que si no rectifica acudiremos a los tribunales.¿Pero qué puede hacer el gobierno local cuando el consumo de alcohol en la calle no está prohibido? «Una labor de vigilancia, que debe ejercer la Policía Municipal, y sancionar cuando alguien orina en la calle, en las fachadas de las viviendas o en los portales, cuando los llenan de pintadas, o rompen cristales, actos que están prohibidos. Se trata de que no haga dejación de sus funciones». A este respecto, considera que las ordenanzas son suficientes dentro de las competencias municipales, pero el problema es la pasividad: «La Policía Municipal no acude a los requerimientos de los vecinos; tienen instrucciones de no actuar por razones de seguridad -asegura-, y así el casco histórico de la ciudad es «jauja»; nos sentimos impotentes». Con los bomberos explica que sucede igual. Lo achaca al miedo. «Los reciben a pedradas, como cuando vienen a apagar las enormes fogatas de la plaza del Dos de Mayo». ¿Quien lo hace? «Los vecinos, a riesgo de que les suceda algo, porque los municipales dicen que no están para apagar fuegos». Explica que «si las concentraciones humanas son peligrosas, lo son aún más cuando media el alcohol y puede ocurrir una desgracia». Sus quejas no acaban: «Además de que no podemos ejercer nuestro derecho al descanso, invaden un espacio público y otro privado, nuestros portales, y nos sentimos intimidados». ATAQUE A LA SALUD Y CONVIVENCIADesde la Asociación de Justicia Juan Carlos Nogueira subraya que el «botellón» causa muchos perjuicios. «Los daños no sólo afectan a quienes se ven obligados a soportar sus efectos, ni al bebedor, sino al medio ambiente, por la contaminación acústica y el rastro de basura, que convierten al centro en un vertedero inhabitable». Junto a ello, agrega que la inseguridad afecta a los propios jóvenes «porque entre los que hacen los «botellones» hay grupos violentos». Por ello, exige más vigilancia policial. De la misma opinión es el presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos, Prisciliano Castro: «El Ayuntamiento debe actuar para impedir que se atente contra la salud y la convivencia. No es de recibo que se permita que los comercios incumplan los horarios de cierre y vendan a diestro y siniestro hasta las tantas, ni que se venda en la calle o se tiren y rompan botellas sin que nadie haga nada».NO CIERRES EN FALSOConsciente de que el problema es complejo y que el Ayuntamiento no puede hacer milagros, agrega que la sentencia del TSJA -una vía más que van a estudiar-, sí puede ayudar a que «cada uno haga su papel». Así, subraya que la Comunidad tiene la obligación de sacar normas que regulen el funcionamiento de los establecimientos, y los padres, de no ser tan tolerantes, pues esa dejación convierte la situación en explosiva.Mientras se encuentran soluciones «evitando prohibiciones inútiles» los vecinos de las zonas más afectados por la «movida» -Justicia, Opera, Las Letras, Chueca, Cuatro Caminos y Malasaña- se van a hacer oír. Están coordinando sus acciones y anuncian caceroladas y la colocación de pancartas aprovechando acontecimientos importante. «El debate no se debe cerrar en falso», concluyen.
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