Zaragoza, 20/4/2002 DELICIASLos vecinos quieren combatir el ruido urbano con sonidos agradables
CHARO PEREZ GARBAYO
El jefe del Servicio de Medio Ambiente del consistorio zaragozano, Javier Celma, definió el ruido como "un sonido no deseado", pero explicó que nuestra reacción ante las emisiones es diferente según las circunstancias personales y la naturaleza del foco emisor. Así, en la época del deshielo en Panticosa, el ruido de las cascadas alcanza los 90 decibelios, pero "a nadie le molesta porque lo percibimos como algo bonito, que procede del medio natural". Sin embargo, las sensaciones varían cuando el ruido lo origina una máquina. TRAFICOEn la ciudad, el ruido está vinculado al tráfico y a la ubicación de las actividades, de forma que el mapa de la contaminación atmosférica puede superponerse al de la acústica.Celma destacó que la ciudad es un "elemento vivo" y por lo tanto siempre tendrá ruido, "aunque habrá que luchar porque sea el menor posible". En este sentido, destacó que la escuela de arquitectos de Grenoble trabaja en la "defensa de los sonidos de la ciudad". Así van surgiendo "sonidos artificiales, como los del agua, que enmascaran el que procede del tráfico". Esta práctica ya se utilizó "sin querer" en Zaragoza, en la plaza del Pilar con una solución por la que mostró interés un documental de la BBC . Celma señaló que hasta el momento la UE es incapaz de hacer normas de calidad sonoras y las directivas que aprueba no se adaptan a los modelos urbanos del sur de Europa con ciudades compactas y por lo tanto más bulliciosas. No obstante, insistió en la necesidad de pensar la ciudad "con criterios de calidad ambiental". El ruido que soportamos es también un factor de riesgo para la salud. Así lo constató Angel Vicente, facultativo del servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Clínico. Las patologías que produce la exposición a este factor ya no se centran en el ámbito laboral. Los niños y los ancianos son los grupos de población más afectados y el estrés, la falta de concentración, la alteración del sueño y las cefaleas son algunos de los efectos negativos. "Zaragoza es una ciudad invivible, porque ya no hay ninguna zona sin ruidos", dijo Vicente, que apostilló: "El progreso no se hace a costa de la salud de las personas".
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