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Las Palmas, 15/09/2001

Ruido en el cuerpo

Los vecinos de las áreas pobladas cercanas a la Base Aérea de Gando están sufriendo en sus propias carnes los efectos de la situación de alerta de bajo nivel activado en las instalaciones militares de todo el país. Los ruidos continuados, y ensordecedores en el caso de los aviones de vuelo supersónico, mantienen a estos ciudadanos en vilo, ya de por sí con la tranquilidad de sus hogares perturbada por la acción de los despegues y aterrizajes de los aparatos de líneas comerciales que tienen una actividad nada desdeñable en el aeropuerto de Gran Canaria. Ayer, vecinos de Las Puntillas, un núcleo que bordea el final de la pista del aeródromo y de la Base Aérea y cercano a la localidad de Carrizal de Ingenio, se quejaban de las operaciones militares, esporádicas durante la semana, pero ahora continuadas.

“Están así desde el martes por la noche”, afirma un residente que prefiere ocultar su identidad. “Pocas horas después de los atentados en Estados Unidos empezaron a despegar y aterrizar hasta bien avanzada la noche. Y desde entonces, aquí no hay quien descanse, sobre todo por los ruidos espantosos que hacen los F-18. Estamos atemorizados por el suceso y sus consecuencias, como casi todo el mundo. Pero es que, además, no nos podemos recuperar de los sobresaltos continuos”.

En la jornada del jueves algunos vecinos pudieron contemplar una ristra de aviones alineados en pista. “Eran por lo menos 20”, afirma una mujer del barrio, que también enmudece cuando se le pregunta por su nombre. “Aquí estamos acostumbrados a los ruidos de los aviones. Pero lo de ahora, con la alerta, supera esa costumbre, porque además de los aviones comerciales, estamos casi a todas horas con los militares”.

Otro residente explica mientras aparca el coche en el que viaja acompañado de su hijo pequeño que “hay gente que tiene miedo por lo que ha sucedido en Estados Unidos. Pero también te impone un poco ver a los cazas salir y entrar todos los días. Se ve que están controlando algo”. En el barrio viven unas 200 personas y la vivienda más próxima a las instalaciones aeroportuarias apenas está a ciento cincuenta metros de distancia. Con todo, las dos o tres calles principales que diseñan su fisonomía, en paralelo a las pistas de aterrizaje y despegue, aparentan tranquilidad si no fuera porque casi a cada minuto esa quietud se ve interrumpida por el zumbido de un avión. “Aquí no se puede vivir, pero tampoco tenemos medios para irnos”.

¿De dónde vienen los aviones?
En el Bar Las Puntillas, lo primero que enfila el visitante cuando entre al barrio desde la autopista, la comidilla estos días es lo convulsionado que está el mundo y, por supuesto, el ajetreo de los militares en el área restringida. Al socaire del viento que suele azotar la zona, la penumbra del local es inmejorable para controlar lo que se hace en la base desde un alto ventanuco que encuadra parte de los hangares y la pista de vuelo. Ante la barra, la parroquia especula con una cerveza o un ron en la mano. “¿De dónde vienen los aviones»”, pregunta un cliente, persuadido de que en el recinto hay más naves que las que normalmente están destacadas en Gando. A lo que responde otro, sin pudor y con rostro más que convencido: “Están llegando desde la costa atlántica de Estados Unidos. Se ponen aquí en apenas 3h y 20 min”.
Los damnificados de la ‘tercera’ pista de Gando
Aunque la novedad es ahora la frecuencia de los vuelos militares, motivados por la alerta ordenada por la Administración del Estado, los vecinos de los barrios limítrofes con Gando son ya viejos conocidos de las molestias que ocasionan los ruidos propios de la actividad de las aeronaves. No en vano, tanto el núcleo de Las Puntillas (Ingenio) como el de Ojos de Garza (Telde) soportan diariamente los efectos de esa actividad. Y hasta hace unos meses estaban envueltos en plena batalla contra la Administración a cuenta de la nueva pista del aeropuerto de Gran Canaria, que promueve el Cabildo insular ante Aena. “Parece que ahora ya no nos van a echar de nuestras casas”, dice un vecino, en alusión a las expropiaciones para ocupar la zona urbana y ganarla a la expansión del aeropuerto.

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