Eivissa, 05/07/2001 Contaminación acústica. Contaminación acuáticaCarmen PÉREZ MONTESAunque parezca un sencillo juego de palabras, tiene más de incordio que de juego. Abramos más el abanico de conceptos y vayamos de juego a ocio y allí encontraremos las lanchas de recreo: esas supersónicas naves que vuelan como flechas sobre la espuma del mar.Son lanchas a motor, o motos marítimas, exhibicionistas, vanidosas en sus demostraciones, estridentes en su lenguaje que parece que sobrepasen la velocidad del sonido, consiguiendo atraer primero las miradas sorprendentes de los bañistas y al instante el rechazo repulsivo de todo tímpano que se halle tranquilo, adormecido o conversando con su vecino de toalla y sombrilla; contrariando a las embarcaciones pacíficas que sólo utilizan la fuerza del viento y no la prepotencia que arrasa con todo, distorsionando el ritmo acompasado de las olas. Encegados sus dueños a causa de su alarde y ensordecidos nosotros soportando su derroche en decibelios, enmudecen nuestras voces mientras nos preguntamos bastante sorprendidos: ¿recreo para unos pocos o contaminación acústica para los demás?, ¿deporte de riesgo para algunos o baño arriesgado para los demás?, ¿compiten por/para alguien o para ellos mismos? La respuesta, mi amigo (Bob Dylan), en esta ocasión no sólo está en el viento; seguramente los peces habrán disertado largamente sobre el tema y tendrán válidos argumentos para estas cuestiones. Carmen Pérez Montes
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