Málaga, 22/9/2000 Una urbe con gases y ruidosLos vehículos provocan el 75 % de la contaminación acústica y generan un 25% de C02 y otros gases nocivosPilar R. Quirós/MálagaAntaño, medio siglo atrás, Málaga era una ciudad que acababa en la prolongación de la Alameda, cuyos ciudadanos recorrían calles y calles para ir de compras o utilizaban el cómodo tranvía que recorría toda la zona del litoral. Quien de aquella época no ha escuchado dichos como 'haces más paradas que el tranvía de Huelin'. Pero, el fenómeno de la industrialización, del desarrollo, atravesó Málaga de una punta a otra, y donde antes había campos y posadas -una en la mismísima calle Armengual de la Mota- se erigieron edificios y se crearon carreteras por las que ahora pasan a diario miles y miles de coches, 570.000 desplazamientos diarios, según el área municipal de Tráfico.Los coches son útiles y nos permiten movernos con comodidad y rapidez, pero obviamente tienen sus contrapartidas. El progreso, un fenómeno que siempre ha ido aparejado a la evolución del hombre, tiene sus efectos negativos. La Unión Europea está preocupada porque desde el año 1965 a 1995 se ha multiplicado por cuatro el tráfico rodado, y el tráfico aéreo por diez, y obviamente estos cambios han repercutido enormemente en el nivel de ruidos que padecen las urbes. El 75 por ciento de la contaminación acústica en Málaga proviene del tráfico rodado, en concreto 47 por ciento de los coches, 12 por ciento de los vehículos pesados, 15 por ciento de las motos, y aparejado a éstos 3,45 por ciento de pitidos y sirenas, que accionan los estresados conductores. Y los estos 'acelerados' conductores cuando pisan el acelerador y suben a 50 kilómetros/hora generan un ruido de 75 decibelios, que se aumenta a 85 decibelios cuando superan los 80 kilómetros/hora. Y la pregunta es:¿cómo nos afecta el ruido? Aunque nos parezca que es sólo una molestia, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), España es el país más ruidoso del mundo después de Japón, y el 23 por ciento de los españoles sufre una cuota de ruido superior a los 65 decibelios, cifra que se considera puede dañar la salud. El ruido contribuye al estrés que padecen los urbanitas, y en casos extremos puede afectar al sistema nervioso central y al sistema cardiovascular alterando el ritmo cardiaco; al aparato digestivo provocando trastornos gastrointestinales;y al equilibrio provocando vómitos, vértigos y pérdidas del equilibrio. Pero aquí no queda la cosa, los vehículos son una de las causas más importantes de la contaminación atmosférica, ya que el 20 por cien de la emisión de anhídrido carbónico a la troposfera procede de los automóviles, así como otros porcentajes de oxido de nitrógeno y anhídrido sulfuroso, y todos ellos contribuyen a la creación del 'efecto invernadero', que amenaza con cambiar las temperaturas de la tierra. La combustión de carburantes fósiles que realizan los coches producen grandes cantidades de anhídrido carbónico, un gas que generalmente es absorbido por las masas forestales. Pero, Málaga no es precisamente un vergel, ya que más de las tres cuartas partes de su suelo sufre graves problemas de desertización, y su capital es una gran urbe de cemento con muy pocos espacios verdes, muchos menos de los cinco metros cuadrados de vegetación exigidos por la UE por cada habitante. Mientras que no se creen grandes parques y se fomente el uso de un buen servicio de transportes, que podría incluir tranvía -un medio limpio-, la flota automovilística de Málaga seguirá creciendo, y el ruido y los gases nocivos aumentando. Hoy, el Día Europeo sin coches, es un buena jornada para pensar y analizar lo 'deprisa' que vamos y vivimos.
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