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Murcia, 13/10/2000

Los jardines públicos se recuperan de la fiebre del 'botelleo'

Quienes más han notado la disminución del botelleo en la ciudad han sido los funcionarios del Servicio Municipal de Parques y Jardines, que han comprobado cómo los parques públicos amanecen ahora los domingos con menos residuos de la movida y sin tantos destrozos. El concejal responsable, José Ros, reconoce que la presencia policial en los jardines donde los jóvenes acostumbran a beber alcohol –la Constitución, las Tres Copas y el Salitre– ha contribuido a reducir los destrozos.

La práctica del botelleo obligó a reordenar el servicio de Parques y Jardines y llevó a establecer un dispositivo especial de limpieza. Así, un total de once funcionarios se dedican los fines de semana y los festivos a recoger los cristales que deja la movida en los parques públicos. Los operarios tardaban antes más de tres horas en barrer y adecentar los jardines afectados. Empezaban a las siete de la mañana y no paraban hasta las diez.

El concejal admite que ahora «la cosa ha cambiado». El ayuntamiento mantiene el mismo dispositivo, «pero los funcionario tardan menos en recoger porque hay menos basuras». Ros destaca que quien se ha beneficiado de la reducción de jóvenes bebiendo alcohol en la vía pública han sido los jardines, «porque el botelleo era como el caballo de Atila». El ayuntamiento se gastaba antes más de un millón de pesetas al mes en reponer los destrozos que dejaba la movida en los parques.

Bajan las quejas vecinales por los ruidos de los bares

Urbanismo reconoce que los ‘pubs’ han mejorado y los empresarios dicen que es la presión policial
JAVIER RODRÍGUEZ • MURCIA
La aplicación de las ordenanzas municipales contra el botelleo y los ruidos de los bares comienzan a surtir efecto. Ambas normativas –la primera prohíbe beber alcohol en la calle y la segunda regula las medidas de insonorización de los pubs– entraron en vigor el pasado mayo y, desde entonces, el ayuntamiento se ha preocupado por hacerlas cumplir a rajatabla. Cinco meses después de su implantación, la práctica del botelleo se ha reducido en los jardines públicos y las quejas vecinales por los ruidos de los bares de copas han disminuido. El concejal de Urbanismo, Ginés Navarro, señala que los bares han aprovechado el verano para acometer sus reformas y mitigar asi los decibelios.

La Gerencia de Urbanismo concedía la pasada semana dos licencias provisionales de funcionamiento a los pubs Cha-cha-chá y La Champañería, situados en la avenida de Alfonso X. Los dos habían sido denunciados con anterioridad por los vecinos debido a los ruidos, lo que obligó al ayuntamiento a tomar cartas en el asunto. Los propietarios de los dos bares, ante las quejas y las órdenes municipales, han realizado reformas y ahora le toca a la concejalía comprobar la eficacia de las medidas correctoras.

La implantación de la ordenanza contra los ruidos ha llevado a las autoridades locales a entrar a saco contra la contaminación acústica que provocan algunos bares y evitar que éstos sobrepasen los 75 decibelios permitidos. El responsable municipal de Urbanismo, Ginés Navarro, reconoce que la implantación de la normativa ha empezado ahora a recoger sus frutos, «ya que, en las últimas semanas ha bajado el número de protestas vecinales por este motivo». El ayuntamiento dio una batida en el primer trimestre del año contra los bares más ruidosos y que no tenían la licencia en regla. Ordenó, de una tacada, el cierre de una docena de ellos. Sin embargo, Navarro reconoce a estas alturas que los locales han ido corrigiendo sus deficiencias y sólo permanecen cerrados cuatro.

Sin embargo, el anuncio de una disminución en el número de quejas vecinales por los ruidos sorprende a los empresarios de las tascas de la ciudad. La mayoría de los locales no han instalado medidas anti rruido para combatir los escándalos de madrugada porque consideran que sus establecimientos cuentan con la insonorización suficiente. «Si han descendido las quejas –apunta uno de los empresarios de hostelería de la capital- se debe al control que la Policía Local ejerce sobre los botelleos en los jardines. Es normal que si consiguen que los jóvenes no armen bulla en las calles los vecinos se sientan aliviados». Esta es la causa, en opinión de los propietarios de bares de copas de la zona de la movida, que explicaría el descenso en el número de quejas registrado en la Concejalía de Urbanismo. Los locales de la ciudad tampoco se han preocupado excesivamente de reformar sus instalaciones para mitigar el ruido que ocasiona la música. «Es cierto que tenemos más en cuenta la hora de cierre –continúa otro empresario que prefiere mantener su nombre en el anonimato– y acostumbramos a encender las luces en cuanto se acercan las dos de la mañana». El ayuntamiento también unificó la hora de cierre de los bares la pasada primavera y la amplió los fines de semana y vísperas de festivos.

La corporación municipal ha visto con buenos ojos el desplazamiento de la movida de la ciudad hacia la zona de Las Atalayas. Se trata de un espacio abierto, sin viviendas, con aparcamientos y perfectamente comunicado. La pasada noche abrió sus puertas la discoteca Viva Murcia, frente a Continente, y se espera en breve la inauguración en el mismo sitio de otros negocios del sector de los bares de copas.

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