Granada, 8/4/2000 El 'botellón', según sus protagonistasTres psicólogas entrevistan a 2.000 adolescentes: la mayoría de los chicos carecen de habilidades para comunicarseCARLOS MORANCarmen Raya, Estrella García y Elena Alvarez, psicólogas y mediadoras sociales, disponen de una diáfana radiografía del 'botellón'. A lo largo de un año, -empezaron a trabajar cuando este asunto no era tan noticioso- han entrevistado a 2.000 adolescentes de una veintena de institutos de la capital y han pasado muchas noches en el interior de la 'movida' para conocer, de primera mano, los entresijos de este fenómeno urbano. En este sentido, han llegado a la conclusión de que la mayoría de los 'usuarios' de los 'botellones' -porque no todo es Gran Capitán- es «gente sana» que sólo busca «desinhibirse» para poder «relacionarse». Nada que no hicieran sus padres antes. Sin embargo, también han detectado la existencia de grupos con «conductas antisociales muy preocupantes».Todo empezó, como casi siempre, con una pregunta:«¿Qué quieren los chicos y chicas que frecuentan los botellones»? Obviamente, la respuesta sólo la podían dar los propios interesados. Por eso, Carmen Raya, Elena Alvarez y Estrella García se metieron lleno en la movida. Ahora, con 2.000 encuestas sobre su mesa de trabajo, ya pueden presumir de haber despejado -al menos en una buena parte- esa incógnita. «La mayoría de los chicos que participan en los botellones carecen de habilidades para comunicarse. El motor de la movida, tal y como la conocemos, es el ansia de desinhibirse para poder establecer relaciones. Ni más ni menos. Hay otros factores, como el clima, que favorece los botellones, o los precios de las bebidas en los bares, pero son secundarios. Lo principal es que dentro del botellón se sienten seguros, protegidos y sin interferencias para poder relacionarse», explican las autoras del macro sondeo juvenil. Alcohol, pero menosPor eso beben... los que beben. Porque tampoco son tantos los que empinan el codo abusivamente los fines de semana. En realidad, son una minoría. Amplia, pero minoría a fin de cuentas. Así por ejemplo, los alumnos de tercero de ESO -15 años- confesaron a las psicólogas que bebían «mucho» un 3,2% , y «muchísimo», ninguno. Ylas alumnas, aún menos:un 0,3%, mucho, y «muchísimo», también un 0%,Los porcentajes entre los adolescentes más mayores -segundo de Bachiller, 17 años- son algo superiores, pero en ningún momento alcanzan la categoría de escándalosos. «En este tramo, los chicos que beben mucho son un 7%, y muchísimo, un 1,8%. En cuanto a ellas, son un 2,2% las que consumen mucho y un 1,8%, muchísimo». El resto, o bebe moderadamente o, sencillamente, son abstemios y se contentan con inofensivos refrescos. Eso sí, entre los que optan por el alcohol para animarse, son mayoría los que hacen un uso «compulsivo» de esta droga legal. Es decir, que beben a todo meter para alcanzar «el punto» cuanto antes. Las razones de esta conducta son varias, pero la fundamental es que sus padres les han puesto un límite horario y no pueden rebasarlo en exceso. Así las cosas, cuando llega el momento de regresar a casa, suelen provocarse el vómito para presentarse medianamente sobrios y evitar las reprimendas. Aunque pueda parecer lo contrario, nada de lo dicho hasta ahora sorprendió a las expertas. «Todas estas cosas, ya las hicieron sus padres o hermanos mayores antes. Todos nosotros hemos bebido para pillar el punto -esta es la expresión que ellos usan-. Nuestra cultura es muy tolerante con el alcohol, no podemos echarnos las manos a la cabeza por eso. Un ejemplo:a los que no beben, se les llama despectivamente los cocacolos. Es decir, que todo empuja hacia el alcohol, y, aún así, son más los que beben poco o no beben», insisten en sus planteamientos las expertas. Las drogas ilegalesEn cuanto a las drogas proscritas, las pastillas o pirulas -las llamadas drogas de diseño- se llevan la palma. Las psicólogas lo saben, pero no han elaborado estadísticas porque los jóvenes eran muy reacios a hablar del asunto. Y ellas no deseaban que se rompiera el vínculo de confianza que las unía a sus interlocutores. «Tenemos información fiable de que las drogas de diseño son las reinas de la noche, aunque al igual que pasa con el alcohol, son una minoría los que las consumen. En general, las pastillas se fabrican en domicilios particulares y son de pésima calidad: contienen estricnina, tiza y cosas así, según nos cuentan. Los camellos se mueven entre el botellón, aunque también hay locales en que te venden las pastillas casi a la carta. Las otras drogas, caso de la cocaína y, sobre todo, la heroína, tienen una presencia mucho menor», indicaron.¿Y por qué ensucian tanto los usuarios de los botellones? «Pues últimamente porque este asunto está teniendo mucha publicidad en los medios. Ahora lo hacen como una muestra de rebeldía. Pero antes no ensuciaban más que lo que ensuciamos nosotros los adultos. ¿Acaso la ciudad no queda hecha una porquería después del Día de la Cruz? ¿O es que no hay suciedad en el ferial tras una noche de Corpus? ¿Y es que no hay madres que ponen a sus hijos a hacer pis en la calle?». El que esté libre de pecado, ya sabe...
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