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Barcelona, 19/08/08
CITA MULTITUDINARIA | EPISODIOS DE VIOLENCIA EN UNA GRAN FIESTA POPULAR

Pandillas de alborotadores ebrios reavivan los altercados en Gràcia

Un grupo de gamberros se enfrentó a los mossos en Ros de Olano y en la plaza del Poble Romaní
Las carreras con la policía y los lanzamientos de botellas acabaron a las seis y media de la mañana
MAYKA NAVARRO

Mossos desalojando Ros de Solano
MUCHO ALCOHOL. Los Mossos intentan desalojar la calle de Ros de Olano a las 5 de la madrugada. Foto: MARINA VILANOVA
En el disco duro de algunos jóvenes supuestamente radicales la fiesta solo es fiesta si consigues correr ante un grupo de policías sobre los que previamente han llovido botellas de vidrio y cualquier otro objeto contundente.

Por segunda madrugada consecutiva, y tras la tensión de la del domingo, un reducido grupo de alborotadores --difíciles de clasificar bajo un denominador común que no sea lo que este diario calificó en el 2005 como kale borracha-- intentó desafiar ayer a los vecinos de Gràcia, a los Mossos d'Esquadra y a la Guardia Urbana, resistiéndose a abandonar algunas calles y plazas con rotura de mobiliario urbano y mucho ruido y griterío que en algunos casos mereció el lanzamiento de cubos de agua desde algunos balcones. Los gamberros hicieron de las suyas hasta las seis y media de la mañana.

Las cosas ya se pusieron feas el sábado por la noche. Pero los Mossos confiaban en que la del lunes sería una madrugada tranquila. Ni las calles ni las plazas se abarrotaron.

Jóvenes se besan al paso de furgón antidisturbios
Dos jóvenes se besan al paso de las furgonetas antidisturbios de los Mossos, en la calle de Providència. Foto: MARINA VILANOVA

Aun así, el subinspector responsable de los antidisturbios tenía repartidos en Gràcia a 120 agentes de la Brigada Móvil (Brimo), distribuidos en 16 equipos --furgonetas--, sin contar la treintena de agentes de paisano camuflados entre los alborotadores. Desactivaron amagos de barricadas y detuvieron al único joven de la noche, un menor arrestado cuando lanzaba botellas a los agentes en un momento en que un mosso se rompió la falange del meñique y otros dos sufrieron rasguños en la cara por impactos de objetos.

DESALOJO A LAS 3.30

A partir de las 3.30 las plazas empezaron a vaciarse de manera casi automática. Mossos y guardias urbanos se repartían los espacios y no les hacía falta ni hablar. La gente se iba levantando y marchando con tranquilidad.

El equilibrio se empezó a romper en la calle de Providència, cerca de Verdi y frente al número 40. Un grupo de jóvenes, no más de medio centenar, decidió proseguir la fiesta al son de tambores. El subinspector de la Brimo y sus dos ángeles de la guarda --otros dos mossos que le siguen a todas partes-- se acercó, sin casco, a pedirles "por favor" que dejaran de hacer ruido y desalojaran la calle.

Brigada móvil intenta convencer no se haga ruido
Un mando de la Brigada Móvil intenta convencer a un grupo de jóvenes de que deje de hacer ruido, a las 4.30 de la madrugada de ayer. Foto: MARINA VILANOVA
Se iniciaron entonces los tradicionales cánticos de "mucha policía y poca diversión" y no sirvió explicarles que mossos y guardias urbanos son funcionarios públicos pagados por todos para garantizar, en este caso, el sueño de los vecinos de Gràcia que intentaron dormir a partir de una determinada hora.
EXTRANJEROS DE PASO

El primer grupo se dispersó entre risas. A partir de las cuatro, en Ros de Olano cambió el tercio. Hasta allí se trasladaron los perezosos que se mezclaron con los que habían asistido a la fiesta alternativa del solar liberado de la calle de Torrent de l'Olla, que a pesar de su alegalidad ha cumplido cada noche a rajatabla con los horarios y la normativa. Unos y otros, más muchos extranjeros de paso en la ciudad, envalentonados por el exceso de alcohol, se atrincheraron frente a una casa okupada, cerca de la calle de la Virtut y empezaron a lanzar botellas a los mossos.

Las furgonetas de la Brimo avanzaban a paso lento, mientras por megafonía un agente se desgañitaba para pedir al grupo de gamberros que "por favor" desalojara la calle e incluso les recordó que "había vecinos durmiendo". De nuevo, el subinspector de los antidisturbios de los mossos se acercó hasta la masa sin casco para intentar convencerles. Diálogo de sordos. "Es la fiesta. La calle es libre. No molestamos". Y más botellas lloviendo que obligaron a los mossos a colocarse el casco y protagonizar la primera carrera de la noche.

Disuelto el grupo de Ros de Olano, llegó el momento de desalojar la plaza del Poble Romaní. A las 5.30 de la mañana había más de 400 personas concentradas esperando, entre bailes y cánticos, que llegaran los mossos. Hay un momento de la noche en que el alborotador profesional solo espera eso, que aparezca la policía para justificar el lanzamiento de botellas y poder quemar un contenedor. Al final el desalojo de la plaza fue rápido y seguro, y eso que la del Poble Romaní es una ratonera peligrosa si se desata el caos.

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