Cantabria, 14/08/08 TRIBUNALESEl Ayuntamiento de Laredo deberá pagar 65.000 euros por el ruido en un barEl TSJC castiga la inactividad de la administración por desoir las denuncias de un vecino que soportó el griterío nocturno durante más de nueve añosC. DE LA P.
En 2001 presentó la primera denuncia ante el Ayuntamiento, y las quejas se sucedieron sin respuesta, lo mismo que las noches de insomnio. Ahora, el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria ha castigado esa inactividad municipal y ha condenado a la administración local a indemnizar con 65.000 euros a Francisco Javier por los daños psíquicos sufridos. Los 3.285 días que ha vivido soportando los casi 50 decibelios emitidos por el bar le han pasado factura a su salud síquica. En la actualidad sufre un trastorno adaptativo crónico, una enfermedad mental identificable, según los informes médicos, con los ruidos existentes en su domicilio desde su infancia. Ante esta situación el tribunal ha reconocido el derecho del afectado a percibir 24,6 euros diarios desde diciembre de 2001 hasta la fecha en que cesen definitivamente los ruidos en su vivienda procedentes del local, cantidad que se acerca ya a los 65.000 euros, y a la que hay que sumar otros 4.134 en concepto de secuelas, además de los intereses legales. Pero el bar «sigue abierto y sin insonorización», afirma el abogado Fernando Alonso Campillo, que ha llevado el procedimiento especial de protección de los derechos fundamentales del vecino. «Los ruidos continúan y el Ayuntamiento sigue desoyendo las denuncias de mi cliente y no hace nada», se lamenta. Ante las denuncias del sufrido vecino, a los agentes de la Policía Local no se les ocurrió otra cosa que acudir al bar 'Seven' y realizar la medición acústica un jueves, a las ocho de la tarde, recuerda el abogado. Su resultado fue negativo. Posteriormente, cuando un perito imparcial acudió a las dos de la madrugada de un sábado al local para analizar la contaminación acústica por orden del juez, la conclusión fue bien distinta. La emisión de 47,2 decibelios era muy superior a los treinta autorizados por la ordenanza municipal. Las perturbaciones que estos ruidos nocturnos produjeron en Francisco Javier comenzaron en 1999, aunque no fue hasta 2001 cuando presentó la denuncia. Aquel año, Francisco Javier ingresó en el Servicio Psiquiátrico de Valdecilla con síntomas «achacables a la alteración que le venían produciendo los ruidos del local», informaron los médicos. Entonces se le diagnóstico un «trastorno adaptativo». Según la sentencia, con los años ha sufrido síntomas depresivos, como llanto y desesperanza, de tipo ansioso y de comportamiento. «Su mayor queja era que los poderes públicos no le defendían, que le ignoraban, que se reían de él», recuerda el abogado.
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